¿Cuánto es suficiente?

Hambre, obesidad, desechos... resulta paradójico. Al mismo tiempo que leemos informes de seguridad alimentaria y hambruna, sabemos que la obesidad es un problema de salud global que va en aumento. Y al mismo tiempo que oímos hablar de campos afectados por la sequía y de bancos de peces sobre explotados, nos cuentan que cada día se desechan multitud de alimentos en el proceso que va de la industria al plato. Simplemente, carece de todo sentido.  



De hecho, producimos suficiente comida para alimentar a todos. Actualmente, el mundo genera más de 4000 calorías por persona al día, a pesar de que la media que llega a los consumidores es de 2800 al día. Estados Unidos tiene la cifra más alta de calorías con 3770 por persona al día, mientras que en la India la cifra es de 2300 al día. Tan sólo en un tercio de los países del mundo tienen menos de la producción necesaria para la salud, alrededor de 1800 calorías al día. 

Lo mires por donde lo mires, la función de los alimentos es dar energía y nutrientes para permitir al cerebro y al cuerpo funcionar. Aparte de esto, conviene determinar 'cuánto es suficiente'. Cuando las necesidades básicas de una persona se han cubierto y los factores económicos, culturales y sociales se transforman en prioridades y acaban alterando la visión de la comida y convirtiéndola en un instrumento para la satisfacción personal. Con la gran cantidad de opciones de comida que existen hoy en día en la mayoría de los países, la posibilidad de que el consumo de alimentos sobrepase los límites recomendables, se ha hecho realidad en detrimento da la propia salud y de la seguridad alimentaria a la larga. 

Desde un punto de vista medio ambiental, a pesar de que el ser humano es importante, la salud del planeta lo es también, las personas somos parte de la Tierra. Por ello, debemos acordarnos de comer por su propia salud. 

Pero entonces, ¿por qué hay hambre en el mundo? El problema es un acceso y distribución desigual dentro de los países y entre ellos. Casi un billón de personas viven sin alimentos y en todas partes aquellos con mayor peligro de pasar hambre son los pobres, así como las víctimas de catástrofes. Las personas sin recursos del ámbito rural suelen ser granjeros con agriculturas de subsistencia en países en vías de desarrollo sujetas a la sequía, erosión, normalmente sin acceso a electricidad, agua potable o sanidad y con escasos recursos sanitarios o educativos. En la ciudad, los pobres carecen del dinero para comprar comida o producir sus propios alimentos. Esa pobreza no entiende de presupuestos nacionales: incluso en Estados Unidos, más de 50 millones de personas, lo que supone el doble de la población de Malasia y tres veces la de los Países Bajos, experimentan inseguridad alimentaria y acceso a una nutrición en condiciones. 

El hambre, el cambio climático, los recursos agrícolas y océanos sobreexplotados son suficientes para amenazar nuestro futuro sistema alimentario. Algo a lo que debemos prestar atención teniendo en cuenta que la población mundial va en aumento. 

No más basura

Y luego están los desechos. En general, casi la mitad de toda la comida que se produce se pierde. Debido a un mal almacenaje, envasado o procesamiento, 1,3 billones de toneladas se pierden entre el campo y el plato - y eso sin mencionar lo que los consumidores, o sea tú y yo, tiramos. En qué momento del proceso productivo se producen los desperdicios depende del lugar. En países industrializados los desechos tienen su origen en los consumidores, mientras que en los países en vías de desarrollo, proporcialmente, la mayor parte tiene lugar en la granja y los consumidores. 

Todo ello conduce a un complejo problema sobre el que conviene reflexionar para poner en marcha aun cambio. El mundo debe encontrar una forma de distribuir los alimentos  que sea más equitativa y al mismo tiempo tenga en cuenta el ecosistema. 

Por Ramanathan Thurairajoo, Singapur.

 

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